martes, 4 de abril de 2017

El preso que pidió ayuda para suicidarse al capellán

Al entrar en la cárcel encontramos dos espacios bien diferenciados: uno amplio, en el que conviven hombres que tienen comportamiento normal, y otro pequeñito, llamado aislamiento, en el que viven hombres con comportamientos más violentos. Aquí se encuentra Vicente, con 46 años, de los cuales 29 los ha pasado en la cárcel y 23 aislado en una celda.

Nació en una familia humilde, con 12 años perdió a su madre y comenzó su calvario. Su padre maltrataba a sus dos hermanas y él no podía soportarlo. Comenzó a enfrentarse a él, y las discusiones y peleas empezaron a ser constantes. Con 16 años se fue de casa, se enganchó a la droga y empezó a cometer pequeños robos. Ingresó en la cárcel. Los primeros años fueron bien, pero luego comenzaron los enfrentamientos con los funcionarios, las peleas con los compañeros…. Todo se fue complicando y el módulo de aislamiento pasó a ser su lugar de residencia.

Comenzó a sentirse solo, sin familia ni amigos y sin nada ni nadie que le estimulase para seguir viviendo. Su único deseo era morirse, pues se sentía muerto en vida. Pero, sorpresa, no quería morir solo.

Tras una hora de conversación me pidió que «le ayude a morirse». Que una de las veces que saliera a hablar conmigo le dejara tomarse un montón de pastillas y, sin avisar a los funcionarios, le acompañara a terminar este calvario. «¿Estás loco?, ¿cómo me puedes pedir esto? Es imposible». Me replicó: «¿No acompañarías a alguien que se está muriendo en el hospital y te pide que estés a su lado?». «Sí, pero es muy distinto». Siguió insistiendo: «¿Prefieres que cualquier día te digan que me han encontrado frío en la soledad de la celda?». Tampoco.

Al final reflexionó y dejó ver un rayo de esperanza. Quizá lo que necesita es hablar, desahogarse, encontrar un poco de calor humano. Me dijo: «Gracias a ti empezaré a luchar y a buscar algo que me ayude a encontrar un motivo para seguir vivo».

Como él, otros privados de libertad necesitan personas que, movidas por el Espíritu de Jesús, transmitan ganas de vivir. Quizás tú seas uno.
Paulino Alonso
Capellán de la cárcel de Soto del Real. Madrid



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