jueves, 9 de febrero de 2017

Beatificación de Justo Takayama Ukon

Un señor feudal japonés sube a los altares
«Desde hace 60 años, al empezar la Misa pedimos por la beatificación de Justo Takayama Ukon». La hermana Asunta Hori, misionera claretiana, habla desde Takatsuki. En esta localidad de las afueras de Osaka, tan solo hay 2.000 cristianos entre medio millón de habitantes. Pero custodian la memoria de cuando la ciudad pasó de 600 a 25.000 fieles en solo siete años (1576-1583) gracias a la labor del daimyo o señor feudal de la ciudad. El 7 de febrero, Justo Takayama será beatificado en Osaka por el cardenal Angelo Amato, prefecto de la Congregación para las Causas de los Santos. «Esperamos que el cardenal visite nuestra parroquia junto con el cardenal Luis Antonio Tagle», arzobispo de Manila. Ambas ciudades están hermanadas porque el próximo beato murió en la capital de Filipinas, el 3 de febrero de 1615. Su muerte, consecuencia de las condiciones en las que sufrió exilio, fue reconocida el año pasado como martirial.

«Se puede decir que Ukon fue más influyente y llevó a más gente a la Iglesia que cualquier misionero», pero siempre ligado a ellos, explica el jesuita Renzo de Luca, director del Museo de los 26 Mártires, en Nagasaki. Bautizado de niño, Takayama no se tomó en serio su fe hasta los 30 años. Un duelo, en el que mató a un hombre y él mismo fue herido le hizo reflexionar. «Francisco Cabral, la máxima autoridad de los jesuitas en Japón, lo alentó para que llegara a ser un líder de la Iglesia y un misionero laico. Hizo los Ejercicios espirituales» de san Ignacio, y se convirtió en «un hombre dedicado a Dios» que puso a su servicio su «poder político y militar».

2.000 kilómetros sobre la nieve
Justo Takayama Ukon se dirige en barco al exilio en Manila.
La persecución contra los cristianos no tardó en poner al daimyo en el punto de mira. En 1587 renunció a su cargo y a sus posesiones y «fue desterrado de su provincia». En 1614, fue enviado al exilio. «El viaje desde Kanazawa, al norte del país, hasta Nagasaki», donde embarcó, fue muy duro. «Los inviernos son con mucha nieve», y él y los 30 familiares y allegados que lo acompañaban recorrieron a pie una gran distancia –«hay 2.000 kilómetros en línea recta»– con muy pocas provisiones. Murió, probablemente de pulmonía, días después de desembarcar en Manila.

En los últimos tiempos, la película Silencio ha dado a conocer esta persecución. El padre De Luca valora esto, pero matiza que «la novela en que se basa la película no es historia. Por ejemplo, el dilema central de que, si el sacerdote apostata, los cristianos quedan libres, nunca existió. La película se basa en una historia real –el sacerdote jesuita Ferreira apostató–, pero todo el drama y el entorno son imaginación del novelista».

Tres siglos de persecución borraron toda huella de cristianismo en Takatsuki. «La iglesia que tenemos ahora –explica la hermana Hori– la edificaron los claretianos», ya en el siglo XX. «Es una parroquia muy activa. Hay grupos de catequesis, de Biblia, de formación. También hay un grupo de estudio sobre Takayama Ukon, que se reúne cada semana y lo da a conocer». Curiosamente, «casi todos los bautismos son de adultos. Entre ellos, suele haber madres que traen a sus hijos a nuestra guardería. Otros vienen porque sus amigos los invitan, o porque tienen problemas y buscan consuelo en la Iglesia».


María Martínez López

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