jueves, 22 de diciembre de 2016

La accidentada y desconocida historia de la figurita de belén más antigua de España

Pocos saben el pasado belenístico de la patrona de Baltanás (Palencia), que tras el robo de Erik el belga perdió para siempre la borriquilla y el San José con el que formaba una Huida a Egipto.

En el Museo del Cerrato, una Virgen sonríe en una talla de madera. Es la Virgen de Revilla, la patrona de Baltanás, que cuenta con gran devoción en la capital de la comarca palentina de El Cerrato. Pocos saben, sin embargo, que esta imagen de unos 60 centímetros de altura es la «figurita» de belén más antigua que se conserva en España.

«Es de finales del siglo XIII, de apenas 70 años después del milagro de Greccio», destaca el historiador Francisco José Gómez, refiriéndose al Nacimiento que representó San Francisco de Asís en esa población italiana en la Navidad de 1223. Los franciscanos y las clarisas extendieron la costumbre del belén, que no tardó en llegar a España.

Aunque el belén completo más antiguo es un nacimiento de origen italiano del s. XV que se conserva en el Hospital de la Sangre de Palma de Mallorca, «para estas fechas, hacía mucho que en España se conocían los belenes», indica el autor de la «Breve historia de la Navidad» (Nowtilus).
De aquellos primeros belenes, sin embargo, «tan solo nos quedan algunas piezas sueltas» y de ellas «la más antigua de todas» es la imagen de la Virgen con el Niño de Baltanás, que durante siglos formó parte de una Huida a Egipto. «Se piensa que una figura de belén es pequeña, pero las primeras eran de tamaño grande y pertenecían a belenes de conventos y parroquias», explica Gómez mientras recuerda, por ejemplo, la Adoración de los Reyes Magos de la localidad burgalesa de Melgar de Fernamental de finales del s.XV-principios del XVI.

La figura de Baltanás «es una Huida a Egipto de una época en la que solo se hacen para las iglesias Vírgenes y Cristos, además es una figura exenta, móvil, que no se colocaba en ningún retablo… tuvo que formar parte de un belén», subraya el historiador.
¿Y qué fue del resto de las piezas? «Se han perdido», se lamenta Gómez citando los daños al patrimonio durante la Guerra de la Independencia y la pérdida de piezas con las desamortizaciones.

El robo de 1981
También la Huida a Egipto estuvo a punto de desaparecer para siempre la noche del 9 de septiembre de 1981. De hecho, parte de la pieza nunca se ha encontrado y se teme que fuera destruida.

El comisario baltanasiego Carlos Lobato Masa, actual jefe de la División de Formación y Perfeccionamiento de la Policía Nacional, recuerda bien aquella noche. «Fue en plenas fiestas del pueblo (el 8 de septiembre es la festividad de la Virgen de Revilla). Yo estaba allí. Recuerdo que mi madre me despertó para decirme que habían robado en la ermita», relata Lobato Masa, que por entonces formaba parte de la brigada de Investigación Criminal.

Los ladrones «abrieron la puerta de la iglesia con una palanca y se llevaron a la patrona y algunos efectos de poco valor», continúa el comisario. Fue hacia las cinco de la mañana. Los saqueadores tenían un coche esperando fuera, que fue visto por dos jóvenes de la localidad, que llegaron a tomar nota de la matrícula (resultó ser una placa robada en Gerona). Al ser descubiertos, los «chorizos» se precipitaron en su huida dejando abandonadas en la puerta de la iglesia unas tablas y una corona. Esa misma noche habían robado también una imagen de Santa Ana en Reinoso de Cerrato, una población cercana.
No hubo duda sobre la autoría. Unos chicos habían visto a Erik el belga, el ladrón de arte más buscado entonces que contaba en su «haber» criminal con golpes en San Miguel de Aralar, en la catedral de Roda de Isábena, en el museo de la Catedral de Tarragona, en la Colegiata de Toro… Acostumbraba a visitar personalmente los lugares donde iba a actuar, de ahí que la Policía enseñara su fotografía a todos vecinos a los que interrogó. En un pueblo de unos 1.600 habitantes, un extranjero como René Alphonse Vanden Bergue, como en realidad se llama Erik el belga, no pasó inadvertido. «Los chavales lo reconocieron», continúa el policía.

Apenas unos meses después, en enero de 1982, Erik el belga fue detenido en Barcelona y su banda desarticulada. «El valor de lo que habían robado ascendía a más de mil millones de pesetas», remarca Carlos Lobato, que acababa de ser destinado al grupo de delitos contra el Patrimonio Histórico-Artístico. Se recuperó el 95% de lo robado, según el comisario, «pero hizo mucho daño; algunas piezas se recuperaron a trozos». Curiosamente, una de las primeras que aparecieron en Barcelona fue la Santa Ana de Reinoso, pero muchas de las obras se localizaron en Francia, en Alemania, en Holanda… Erik tenía dos clientes en Benidorm que enviaban las mejores piezas fuera de España.
Como baltasaniego, Lobato no podía olvidar a su patrona. «Mil veces lo fui a ver a la cárcel por distintas investigaciones y siempre que iba le enseñaba la imagen de la Virgen de Revilla y le preguntaba por ella, pero no soltaba prenda», recuerda el comisario. A pesar de que Erik el belga asegura que gracias a él se recuperaron muchas piezas, «lo cierto es que su colaboración fue mínima; solo alguna vez se le escapaba algo que nos servía para tirar del hilo», añade.

En una de esas visitas a Erik el belga en la cárcel de Barcelona «se le escapó que el burro no era de la época», recuerda Lobato. Él estaba convencido de que él había robado la imagen y aún lo estuvo más cuando finalmente se recuperó la Virgen de Revilla «fuera de España, por medio de otras líneas de investigación». Las pesquisas llevaron a situar la imagen en Francia y a través de un contacto en Valencia se llegó hasta el último poseedor de la Virgen.

«Erik vendió la imagen de nuestra Patrona a un primer anticuario por 450.000 pesetas, éste la vendió a un marchante francés, acabando la imagen en manos de un anticuario del vecino país, donde fue intervenida por la policía española», relató la revista de la asociación cultural Eldana en 1983.

A la Huida a Egipto le faltaba el San José y el burro al que había aludido el ladrón. «Estoy convencido de que fue él quien lo seccionó. Lo tiraría por ahí, al considerarlo de menor valor», dice el comisario.

La falta de memoria de Erik el belga
Erik el belga cumplió su condena y reside desde hace tres décadas en Málaga, dedicado a la pintura. Al otro lado del teléfono responde su asistente, Sara Lahcini. Alega que éste no puede atender a ABC porque no se encuentra bien de salud. De la Virgen de Revilla «no recuerda nada», asegura. Tampoco en sus memorias que escribió con su esposa Nuria Gutiérrez de Madariaga («Por amor al arte», Planeta 2012) se cita este robo. «Nunca me contó nada sobre esto», asegura su mujer tras apuntar que se le calcularon unos 600 golpes en Europa.

Puede que nunca se sepa a dónde fueron a parar el resto del conjunto escultórico de la Huida a Egipto. María José de la Fuente, alcaldesa de Baltanás, también cree que Erik el belga «se quedó con la figura de la Virgen y el niño, que es más antigua y destrozó el San José y la borriquilla que, según nos dijeron los expertos, eran un añadido del siglo XV».
¿Es posible que la Virgen de Revilla sea actualmente como en su origen? Francisco José Gómez no descarta que «fuera reconvertida para formar parte de un belén», pero remacha que «de todas formas seguiría siendo la más antigua» que se sepa que integró una representación navideña.

«Ha resistido porque es de madera», considera el historiador, que explica cómo a partir del siglo XV las figuritas de belén se hacen de barro, como las que tenía Lope de Vega y dejó a su hija, que no han llegado hasta nuestros días. Por seguridad, la Virgen de Revilla se conserva actualmente en el Museo del Cerrato y solo vuelve a su ermita de Baltanás en días señalados. La Huida a Egipto que se venera actualmente en el templo es una réplica de cómo fue realizada tras el robo por el restaurador burgalés Florentino Lomillo.

Mónica Arrizabalaga

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