lunes, 28 de noviembre de 2016

“La vida matrimonial y el amor conyugal necesitan tiempo disponible y gratuito”

La Subcomisión Episcopal para la Familia y la Defensa de la Vida de la CEE, presidida por el obispo de Bilbao, Mario Iceta, ha editado los materiales para la Jornada de la Sagrada Familia que se celebra el 30 de diciembre de 2016.

Este año se ha elegido el lema, “Vivir la alegría del amor en la familia”. En este sentido, los obispos de la Subcomisión recuerdan que “la alegría del Evangelio se refleja en la alegría del amor que se vive y se aprende de modo eminente en la familia”.

A continuación, la nota:
Este año el papa Francisco ha regalado a su Iglesia la exhortación apostólica Amoris laetitia, fruto de los dos Sínodos, donde nos invita a todos los cristianos a cuidar el matrimonio y la familia. En ella, el papa nos impulsa a proponer de un modo renovado e ilusionante la vocación al matrimonio y a mostrar la belleza, verdad y bien de la realidad matrimonial y familiar como un don de Dios, como una respuesta a una vocación excelente.

La cultura de lo provisional
Nuestra cultura actual está marcada por lo provisorio: «Me refiero -dice el papa-, por ejemplo, a la velocidad con la que las personas pasan de una relación afectiva a otra. Creen que el amor, como en las redes sociales, se puede conectar o desconectar a gusto del consumidor e incluso bloquear rápidamente. Se traslada a las relaciones afectivas lo que sucede con un modo de proceder con los objetos y el medio ambiente, lamentablemente demasiado extendido: todo es descartable, cada uno usa y tira, gasta y rompe, aprovecha y estruja mientras sirva. Después, ¡adiós!» (AL, n. 39).

También está marcada por dificultades sociales, como puede ser la falta de una vivienda digna o adecuada; por la falta de derechos de los niños; por la necesidad de mejorar la conciliación laboral y familiar; por la dificultad de apreciar el don inmenso que supone toda vida humana; por la búsqueda obsesiva de placer; por la necesidad de hacer del tiempo de los esposos un tiempo de calidad para escucharse uno al otro con paciencia y atención y dialogar, hasta que el otro haya expresado todo lo que necesitaba.

La familia como horizonte de esperanza
Ahora bien, estos desafíos, lejos de constituir obstáculos insalvables, se convierten para la familia cristiana y para la Iglesia en una oportunidad nueva, de tal forma que la propia familia encuentra en ellos un estímulo para fortalecerse y crecer como comunidad de vida y amor que engendra vida y esperanza en la sociedad. El amor esponsal que crece y se desarrolla en la familia es tan fecundo que está llamado a superar sus propios confines:
«El pequeño núcleo familiar no debería aislarse de la familia ampliada, donde están los padres, los tíos, los primos, e incluso los vecinos» (AL, n. 187). El amor siempre tiende a expandirse, a cuidar de aquellos que se encuentran alrededor; nos impulsa a salir de nosotros mismos para generar una cultura del encuentro, superando «el individualismo de estos tiempos que a veces lleva a encerrarse en un pequeño nido de seguridad y a sentir a los otros como un peligro molesto» (AL, n. 187).

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