viernes, 21 de octubre de 2016

La escuela católica, referente en innovación

Los centros católicos concertados se han convertido en referencia para la innovación pedagógica, tecnológica y social. Algunos de estos centros, reconocidos por el Ministerio de Educación o por ferias educativas como el SIMO explican a Alfa y Omegasus propuestas educativas para formar ciudadanos del siglo XXI

Cuando la escuela concertada católica salta a la palestra de la opinión pública, a menudo es porque se cuestiona que su financiación –a todas luces insuficiente– proceda de la Administración pública. En los últimos tiempos, algunos gobiernos autonómicos, el de Valencia por ejemplo, está poniendo palos en las ruedas de esta oferta educativa, que no hace otra cosa que asegurar el derecho constitucional que asiste a los padres «para que sus hijos reciban la formación religiosa y moral que esté de acuerdo con sus propias convicciones». Quizá el eterno debate sobre la escuela concertada o su presentación como algo que ataca a lo público esté cargada de prejuicios y desconocimiento. En este sentido, hay muchas aportaciones poco conocidas que los centros católicos hacen a la educación y al conjunto de la sociedad. Una de ellas es la innovación.

Estos días, la escuela católica aparece como un referente en innovación en el prestigioso salón de tecnología para la enseñanza, SIMO Educación, que se celebra en Madrid hasta el domingo. Varios centros presentarán sus propuestas y experiencias. El Colegio María Virgen, de las Hijas de Jesús, es uno de estos centros y expondrá su proyecto Aulai+CMV, una iniciativa que supone la incorporación de tabletas al proceso de aprendizaje mediante la modalidad de un dispositivo por alumno. Un recurso al que se unen diversas aplicaciones educativas de Google y Apple, así como servicios en la nube y libros de texto digitales.

Pero no se trata exclusivamente de la introducción de herramientas tecnológicas en el aula; detrás hay un proyecto de cambio pedagógico en el que está inmerso todo el colegio. Un cambio en el que se aplican nuevas metodologías como la estimulación temprana, los proyectos de comprensión, la cultura del pensamiento, el aprendizaje cooperativo o el aprendizaje basados en problemas. «La experiencia es mucho más motivadora para el alumno; engancha, porque se utilizan herramientas que les son familiares. Eso sí, requiere un cambio de rol del profesorado, que ya no es el que explica, sino que es el que propone el itinerario de aprendizaje», explica a Alfa y Omega la directora del centro, Rosa María Romo.

La propuesta Aulai+CMV comenzó el año pasado al implantarse en 4º de Primaria, 1º de ESO y 4º de ESO, continúa este año con su introducción en otros tres cursos, y concluirá el próximo curso con tres más. Al proyecto, que es opcional, se ha adscrito el 96 % de los alumnos. Además del cambio de mentalidad, de la formación específica para profesores y padres, el Colegio María Virgen ha tenido que aumentar la capacidad de su red wifi y adquirir unos 250 dispositivos cedidos a las familias en modalidad de renting. Un equipo que los usuarios se comprometen a utilizar exclusivamente para el aprendizaje.

Sin embargo, esta apuesta por la innovación no está libre de dificultades. Para Rosa María Romo, las editoriales no están, por el momento, a la altura de un proyecto como el suyo. Luego están los problemas económicos; a las familias todavía les resulta un poco más caro apostar por las tableta frente a la compra de libros, mientras que el colegio ha tenido que realizar una inversión muy importante, para lo que no ha contado con ayudas por parte de la Administración.

Otro ejemplo de innovación es el Colegio Sagrado Corazón de Chamartín, en Madrid, de las Religiosas del Sagrado Corazón. En este caso, llevan 30 años siendo un referente en la atención de niños con necesidades especiales. Tal y como recuerda su hoy director general, Juan Carlos Cabrero, fue una revolución. Tuvieron que hacer el colegio mixto y luego cambiar estructuras, formas de pensar, tiempos y profesores. «Fuimos autodidactas. Hoy proponemos un modelo que tiene aspectos de inclusión y aspectos de integración. Son dos sistemas con cosas positivas. Y es que la inclusión 100 % no funciona con determinados alumnos, que necesitan un espacio de mayor tranquilidad que el aula no le da. Además, durante este tiempo nos hemos dado cuenta de que no solo hay que actuar sobre el niño, sino también sobre el entorno».

Los niños con necesidades especiales fueron los primeros con los que se probaron metodologías que hoy están en marcha y funcionan con todos los alumnos. Es el caso del lenguaje bimodal, tal y como explica la directora pedagógica de Infantil y Primaria del centro, Carolina Gonzalo: «Se utiliza para personas con dificultades auditivas. La palabra que tiene que aprender se apoya con los signos. Vimos que funcionaba y pensamos en probarlo también en inglés con resultados impresionantes. Hoy, los niños con necesidades especiales saben más inglés que antes. Así, los alumnos con problemas tienen acceso al idioma gracias al gesto, mientras que para el resto ha supuesto un beneficio tremendo. Lo que antes aprendían en un año, ahora lo adquieren en dos meses, todo gracias al apoyo gestual». En realidad el objetivo era integrar mejor a una serie de alumnos, pero la experiencia demostró que era buenísimo para cualquiera. Lo están utilizando desde 1º de Infantil y hasta 2º de Primaria, aunque tienen pensado continuar en cursos superiores.

El otro proyecto estrella e innovador del colegio también surgió de la necesidad de afrontar las dificultades de los niños; en este caso, en la lectura. Así, se hizo una propuesta para que los pequeños empezaran a leer desde Infantil a través de distintas vías: el gesto, la imagen, la fonética y finalmente las letras. «La verdad es que es muy interesante, pues veíamos que el tema de la comprensión lectora era muy problemático para un número determinado de alumnos. Llegó un momento en que no podíamos atender todas las necesidades y buscábamos personal de apoyo constantemente, pero eso no era asumible. Así que pensamos en actuar de manera preventiva y de la forma más temprana. Los resultados son buenísimos. Los profesores han comprobado que los niños aprenden a leer antes y, además, lo hacen de manera compresiva. El motor de todo esto es que funciona, porque si no fuese así, se vendría abajo», explica Juan Carlos Cabrero.

No todo fue fácil, pues, como reconoce Carolina Gonzalo, el proyecto acabó varias veces en la papelera hasta que funcionó. Luego llegaron las dificultades con los padres, que no acababan de entender que sus hijos iban a aprender a leer a través de ese método.
La calidad el proyecto es tal que el colegio se ha convertido en centro visitable dentro del programa 43:19 de innovación de Escuelas Católicas de Madrid. Eso significa que reciben profesores de otros centros, pues se ha reconocido que tienen una buena práctica que puede servir a los demás. De hecho, tienen previsto publicarlo el próximo curso para que el que quiera pueda acceder a sus métodos.

Todo este trabajo se enmarca en la apuesta por la innovación educativa, para lo que ha formado un grupo que trabaje este aspecto concreto. Los pilares son cuatro: los contenidos, el currículo y la evaluación; el rol del profesor y del alumno; la organización, la estructura y el tiempo; y los espacios. Y la espina dorsal es al aprendizaje cooperativo. Todo el centro recibió formación sobre esta cuestión y de la misma persona. «Había que cambiar, lo que estábamos haciendo ya no funcionaba ni por motivación ni por resultados», explica Ricardo Bellod, director pedagógico de ESO y Bachillerato. «Ahora –continúa Juan Carlos Cabrero–, cada etapa va a ir buscando nuevas vías y estoy seguro de que todos acabaremos en el aprendizaje por proyectos». El año pasado hicieron uno en 4º de Primaria sobre Roma. Todas las asignaturas se implicaron; se hicieron cosas en Inglés, Música… «Fue buenísimo y los niños aprendieron mucho más que si les cuentas Roma con un libro de texto», apunta Carolina.

No muy lejos del Sagrado Corazón de Chamartín está el Colegio Santa María la Blanca, que preside el sacerdote Luis Lezama. Un centro que también apuesta por una educación adaptada a los tiempos de hoy. Como el propio Lezama explica, sus alicientes son tres: «Las clases extraescolares que llamamos Academias y que permiten a nuestros alumnos y a los que acudan de otros colegios a aumentar su conocimiento en letras, idiomas, ciencias, artes o deporte; el uso de espacios educativos, para conjugar la ciencia con la estética y los valores sociales en el mundo en el que nos ha tocado vivir; y, finalmente, las tecnologías de la información y comunicación, pues estamos trabajando la metodología del Sistema Relacional Fontán y Microsoft para su implantación en España como centro piloto».

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