lunes, 22 de mayo de 2017

Se bautiza a los 71 años porque dice que quiere ir «al sitio correcto con la gente correcta»

Robert Brode tiene 71 años y ha visto muchas cosas en su vida. Las ha visto en 10 años en el ejército de Estados Unidos y en otros 28 como policía en California. También ha vivido experiencias duras en su casa. Murió su primera esposa, también su hija, y él mismo ha sufrido 10 ataques al corazón. Sabe que la vida no es para siempre. 

En la pasada Vigilia Pascual, en la parroquia de Our Lady of Perpetual Help (www.olphscv.org) en Santa Clarita, California, fue bautizado, después de muchos años de explorar diversos sistemas de creencias.

"Dios es bueno conmigo", declaró  en Angelusnews.com, pese a las momentos duros de su vida. "Creo en Dios y creo que no te da más que lo que puedes manejar, Él tiene en mente lo mejor para ti, sólo has de confiar en Él", dice este veterano policía. 

De su vida, sólo lamenta "no haberme hecho católico antes".

Una misa abrumadora en latín, en su juventud
De joven, antes del Vaticano II, acompañó a una novia que tenía en esos días a misa en latín, y quedó impresionado: "Era bastante abrumador", recuerda. 

Pero nunca llegó a hacerse católico ni cristiano de ningún tipo. Su primera esposa era católica, pero entonces él no estaba muy interesado en las cosas espirituales. Después de enviudar, volvió a casarse, hace 25 años. Su esposa actual se asombró cuando supo que Robert se quería bautizar, porque ella pensaba que él era algún tipo de católico no practicante, ya que sabía algunas cosas de doctrina y tradiciones. 

Robert Brode explica que a partir de cierto momento empezó una búsqueda espiritual. "Buscaba algo que me llevase al sitio correcto con la gente correcta", explica. 

Brode, que actualmente es profesor en un instituto en Santa Clarita, dedicó mucho tiempo en los últimos años a explorar distintas religiones y doctrinas y al final decidió que la propuesta católica es convincente. Por un lado, las enseñanzas de Cristo han impactado para bien en el mundo y en su propia vida. Por otro lado, la Iglesia Católica puede documentar que es la fundada por Cristo y que ha conservado su doctrina. 

La sensación de llegar a casa
Cuando decidió apuntarse al curso de iniciación cristiana para adultos de su parroquia sintió que era como un retorno al hogar. "No puedo explica cómo me sentía, como en casa, era como si Dios me dijera, asintiendo con la cabeza, 'sí, perteneces aquí'. Eso sentí: como volver a casa". 

En las clases sólo la doctrina de la transustanciación le costó algo de asimilar. Todas las otras enseñanzas de fe le parecían mucho más fáciles. Como santo patrón escogió a San Miguel Arcángel, patrón de los militares

Como cristiano él ya nota diferencias en su vida. "Ahora estoy más dispuesto a aceptar a la gente tal como es, juzgo menos", dice. "La religión te da una brújula moral, lo pone todo en perspectiva". 

sábado, 20 de mayo de 2017

Siendo seminarista salvó el Santísimo del ISIS y ahora vuelve como sacerdote llevando la Eucaristía

Los católicos iraquíes quieren volver a sus casas tras tener que dejar todo atrás por la llegada de Estado Islámico. Y poco a poco lo van consiguiendo. Uno de estos católicos es Martin Baani que siendo todavía seminarista, en 2014 se jugó la vida para acudir a la parroquia y rescatar todas las formas consagradas que estaban en el Sagrario. Más de dos años después regresa a esta misma iglesia ya como sacerdote trayendo con él la Eucaristía.


 Baani tenía 24 años cuando en agosto de 2014 recibió la llamada de un amigo informándole de que un poblado muy cercano al suyo había caído en manos de Estado Islámico por lo que debía huir rápidamente pues el suyo sería el siguiente.

No quiso abandonar Irak
Este joven no huyó tras la llamada sino que corrió a la iglesia para rescatar el Santísimo Sacramento y más tarde huir con el párroco y otros tres sacerdotes. Siguió su formación en Irak, concretamente en Erbil y en septiembre de 2016 fue ordenado sacerdote por el patriarca Louis Sako.

Unos meses antes de su ordenación, Baani  contaba a Ayura a la Iglesia Necesitada que  “todos los días acudo a los campos de refugiados cristianos para acompañar a las familias. Somos cristianos refugiados. El ISIS quiere eliminar el cristianismo de Irak pero yo he decidido quedarme. Amo a Jesús y no quiero que desaparezca nuestra historia”.

Su regreso como sacerdote
Casi un año después, y tras la liberación de las aldeas de la Llanura del Nínive del poder del Estado Islámico, el ya padre Baani volvió a confirmar su decisión de quedarse en Irak para “servir a mi pueblo y a nuestra Iglesia. Ahora estoy feliz de celebrar la Santa Misa en Irak”.

El “Daesh (ISIS) estaba a punto de ocupar nuestro pueblo, nos vimos obligados a marcharnos. Yo fui el último en dejar Karamlesh, con el Santísimo Sacramento en mis manos. Ahora quisiera hablarles de mi regreso a Karamlesh. Fui el primer sacerdote en bendecir a la gente en la iglesia de mi pueblo natal”, expresó el presbítero

viernes, 19 de mayo de 2017

El Padre nuestro es:

a.- Una oración suscitada por el Espíritu Santo, que nos hace gritar “Abba, Padre”, ya que nosotros no sabemos rezar como conviene. Podemos orar con la oración que nos dio Jesús gracias a la acción del Espíritu; con su impulso podemos descubrir y proclamar a Dios que Dios es nuestro Abba”: “recibisteis un espíritu de hijos adoptivos que os hace exclamar ¡Abba, Padre! (Rm 8,15; Gal 4,6). El Espíritu de Dios que es un espíritu de filiación y no de temor (Rm 8,15) “mueve a los fieles a orar con la familiaridad de un hijo que habla con su padre (...). La oración cristiana es asunto de unos hombres que, con Cristo, viven la Trinidad”.

b.- Es una oración Trinitaria: Ratzinger afirma “dado que el Padrenuestro es una oración de Jesús, se trata de una oración trinitaria: con Cristo mediante el Espíritu Santo oramos al Pa-dre”.
c.-Es una oración personal y eclesial: Rezamos el Padrenuestro con todo nuestro corazón, pero a la vez en comunión con la Iglesia, la familia de Dios, con los vivos y con los difuntos, con los de cerca y los de lejos...
d.- Es una oración que pone de relieve la cercanía amorosa del Padre a los discípulos de su Hijo como lo muestra el que se le pida el sustento de cada día, el perdón de los pecados, la ayuda para superar la tentación y perseverar hasta el fin de la historia en la fe y en el amor a Dios.
e.- Es una oración de gracia y compromiso: En un primer momento, todo es gracia: la pre-sencia del Padre, la certeza del pan y del reino. Así, al principio la oración es gesto de alaban-za, adoración y gozo emocionado...Pero luego descubrimos que toda esa palabra implica un compromiso: pidiendo la venida del Reino, nos ponemos al servicio del Reino; implorando per-dón, nos comprometemos a perdonar; suplicando el pan de Dios, buscamos el pan para los que no tienen: los hambrientos, los empobrecidos, los excluidos...
f.- Es una oración ecuménica: Los cristianos somos invitados a rezar al Padre por Cristo en el Espíritu de la unidad de todos. “¡Que todos sean uno para que el mundo crea!”
El Padrenuestro resume todo el Cristianismo, todo cuanto somos nosotros, lo que vivimos, todo lo que necesitamos, todo lo que nos define como hijos de Dios en camino hacia el Reino. Es una plegaria que nunca acabaremos de meditar, y, cuando no sepamos que orar, bastará retomarla lentamente palabra a palabra.

PADRE NUESTRO QUE ESTÁS EN EL CIELO
Jesús pronunció el primer Padrenuestro de la historia, invitándonos y exhortándonos a dirigir-nos a Dios como Padre. Cuando lo rezamos es en la catolicidad, en la universalidad de los dis-cípulos de Cristo. Lo rezamos con Jesús y en Jesús: Así en la misa se nos invita a ello: “...y siguiendo su divina enseñanza, nos atrevemos a decir...”
¡Nos atrevemos a llamarle Padre! Ya a nivel humano la paternidad es un misterio, un hermo-so misterio de orden natural. Cuanto más grandeza y dignidad tiene un hombre, mejor com-prende lo que representa el haber sido elegido para dar la vida, para conservarla, para dirigirla. No obstante esa paternidad no es nada comparada con la paternidad divina. Vida, amor, inteli-gencia, ser...se convierten en Dios en perfecciones absolutas. Nosotros hablamos de la pater-nidad de Dios de modo analógico porque no nos es posible conocerla en toda su plenitud.
PADRE: Dios es el Padre, porque es origen de todo. Es nuestro Creador. Ante Dios somos como niños: todo lo que somos, todo lo que tenemos, es Dios quién nos lo ha dado. Pero la paternidad de Dios no se agota ahí sino que al ser hijos adoptivos de Dios, lo seremos más plenamente cuanto mayor sea la comunión que tengamos con el Hijo (Cristo Jesús), y por tan-to hemos de vivir como hijo e hija de Dios.
Por otra parte Dios no es sólo un ser transcendente, sino un ser cercano que ama, se acuerda
Dios nos quiere y nos ama sin condiciones, es compasivo y misericordioso, que no solo per-dona nuestros pecados sino que nos invita a compartir su mesa. Dios ama no sólo al conjunto del pueblo sino a cada uno de sus miembros. El orante siente que Dios está tan cercano a él que lo experimenta dentro de él.
Al rezarle como Padre, el orante muestra su confianza y abandono en Dios, se pone en sus manos, como un niño en brazos de su madre. Hace salir de nuestro corazón un grito de fe, es-peranza y amor, un canto de alegría y de paz, de alabanza y agradecimiento. Y, también nos pide que vivamos en humildad y obediencia ante el Padre, y cumplamos su voluntad.
Al invocarlo como Padre le reconocemos como Creador, como origen de todo; y, también ape-lamos a nuestra filiación divina y lo que ello conlleva.
NUESTRO: Con este nuestro reconocemos que todos somos hermanos. Dios es Padre de todos, bautizados y no bautizados, de la Humanidad entera. Todos hemos sido creados por el Padre, salvados por el Hijo y santificados por el Espíritu Santo. Sólo Jesucristo puede llamar a Dios Padre porque es su Hijo unigénito, de su misma naturaleza. Nosotros sólo podemos lla-marle Padre en Cristo y con Cristo, es decir, por nuestra unión a Cristo, por nuestro bautismo.
Nosotros, aunque recemos el Padrenuestro de forma individual, siempre lo hacemos de modo comunitario, en el seno de la Iglesia, en la Comunión de los Santos. Con Cristo y en la Iglesia.

QUE ESTÁS EN EL CIELO: La expresión bíblica “cielo” no indica un lugar sino un modo de ser, Dios, que es padre misericordioso y cercano, es a la vez transcendente e inaccesible para el hombre. Es a la vez inmanente y transcendente, cercano y lejano. Es un Misterio
Con esta expresión reconocemos su Majestad, su Infinitud, su Estancia en Él mismo, su Santi-dad, pero también su presencia en el corazón de los justos, en las almas en Gracia.
El Cielo, o la Casa del Padre, constituye la verdadera patria hacia la que tendemos en la espe-ranza, mientras nos encontramos aún en la Tierra.
Tras esta invocación o apelación a Dios Padre, nos ponemos delante de Él y le hacemos las SIETE PETICIONES:
TRES DE ELLAS, MÁS TEOLOGALES: Tu Nombre. Tu Reino. Tu Voluntad,
LAS OTRAS CUATRO: Con la que invocamos a Dios para solucionar nuestras miserias: Da-

SANTIFICADO SEA TU NOMBRE
Santificar el nombre de Dios es una alaban-za que reconoce a Dios como Santo. En efecto, Dios ha revelado su nombre a Moisés, y ha querido que “su” Pueblo le fuese consagrado como una nación santa en la que Él habita.
Santificar el nombre de Dios, que “nos llama a la santidad” (1Tes 4,7), es desear que la consagración bau-tismal vivifique toda nuestra vida.
Además es pedir que, con nuestra vida y nuestra oración, el Nombre de Dios sea conocido y bendecido por todos los hombres.
Es decir, reconocemos a Dios como el Santo, el radicalmente Otro, como Misterio fascinante: Él es el Ser, la Vida, la Santidad,…
En hebreo el nombre es la persona. Lo que no tiene nombre no existe. Por ello, al pedir “santificado sea tu Nombre” es darlo a conocer en toda su verdad, es glorificarlo. Es dejar que sea Dios en cada uno de nosotros, es amarlo con amor único y exclusivo, es que sea tenido por Santo por todos, y es… comprometernos a defender a todos los oprimidos, los desfavorecidos.

VENGA A NOSOTROS TU REINO
La Iglesia invoca la venida final del Reino de Dios, mediante el retorno de Cristo en la Gloria. Pero la Iglesia ora también para que el Reino de Dios crezca aquí ya desde ahora, gracias a la santificación de los hombres en el Espíritu y al compromiso de éstos al servicio de la justicia y de la paz, según las Bienaventuranzas. Esta petición es el grito de “Ven, Señor Jesús” (Ap 22,20) con el que concluye las Sagradas Escrituras.
Pero, ¿qué es el Reino de Dios? Jesús lo predica y lo anuncia. NO se trata de un reino teo-crático nacional, de tipo político. ES el Señorío de Dios, que pide la conversión y la fe del hombre. Con ello:
- Reconocemos la Primacía de Dios: “
Donde Dios no está no puede haber nada bueno”. Es la Justicia, el Amor, la Misericordia, la Paz… de Dios en el mundo.
- Es la Paternidad de Dios conocida, experimentada y realizada entre los hombres.
- Es un don de Dios: Dios es Dios y tiene en su mano el destino del mundo.
- El Reino de Dios es Jesucristo. Jesucristo es la presencia real de Dios; y por tanto, el Reino de Dios es Jesucristo, que habita en cada uno de nosotros (“Ya no soy yo el que vive, es Cristo quién vive en mí”, dirá san Pablo)

- El Reino de Dios tiene unas DIMENSIONES:
Soteriológica: Trae la salvación a los hombres.
Escatológica: Es el “ya, pero todavía no”. Está presente pero no en plenitud.
Don y regalo: Ningún hombre puede alcanzarlo por sus propios méritos.
Universal: Abarca a todos los hombres de todos los tiempos. Al pedir que “venga a nosotros tu Reino” no pedimos otra cosa que la liberación total del hom-bre, incluidos el pecado y la muerte.

HÁGASE TU VOLUNTAD EN LA TIERRA COMO EN EL CIELO
Existe una voluntad de Dios con nosotros y para nosotros que debe convertirse en el criterio de nuestro querer y de nuestro ser. Jesucristo, nuestro hermano y modelo en la fe, hizo de la vo-luntad del Padre su propia voluntad.
La voluntad del Padre es “que todos los hombres se salven” (1Tim 2,4). Así, pues, le pedimos que su designio se realice plenamente en la Tierra como ya se ha cumplido en el Cielo. Cuando decimos HÁGASE no es a modo de resignación sino que es una invocación llena de confianza y esperanza, porque sabemos que su voluntad es lo mejor que nos puede acontecer siempre.
Benedicto XVI afirma que “la voluntad de Dios es conocida por el hombre porque está inscrita en nuestro corazón, en lo que llamamos conciencia (aunque a veces ha quedado adormecida y oculta). También tenemos el Decálogo. Y, también las Bienaventuranzas.
Pedimos, en última instancia, acercarnos cada vez más a Él, a fin de que la voluntad de Dios prevalezca sobre nuestro egoísmo y nos haga capaces de alcanzar la altura a la que hemos sido llamados. Lo hacemos dejando en sus manos la realización de este deseo y que se mani-fieste como Señor de nuestra vida.
No basta con conocer la voluntad de Dios y decirla, hay que hacerla. Es necesario conocer la voluntad del Padre, interiorizarla, identificarnos con ella y realizar lo que nos pide el Señor.

DANOS HOY NUESTRO PAN DE CADA DIA
Confiados en la Bondad de Dios le pedimos confiadamente el pan material, necesario para vivir (Porque aunque el Evangelio nos dice que “No solo de pan vive el hombre” Mt 4,4, es cierto que sin él no podemos vivir) Pero, también le pedimos el Pan espiritual, el Pan de Vida que baja del Cielo, la fe en Jesucristo, el Pan Eucarístico que Dios nos ha dado como alimento; es decir, la Palabra de Dios y la Eucaristía.
Los discípulos, que lo han dejado todo para seguir a Jesús y servir al Reino, viven de la Providencia del Padre y le piden el pan de cada día. No le piden que llene sus graneros sino que sólo le piden lo nece-sario para cada día; viven pidiendo y recibiendo el trozo de pan que el Padre les da. Les piden las nece-sidades diarias de sustento.
Como hemos dicho más arriba, el significado de este pan no se agota en lo material sino que también se refiere al pan escatológico, el pan de la Vida, el pan de la Plenitud, que forma parte del Banquete del Reino de los Cielos.
Y, además, de esta petición se deriva también el compromiso de compartir nuestro pan con los de-más. Hemos de examinar nuestra actitud ante los pobres. Los cristianos hemos de tener una responsa-bilidad efectiva para con todos ellos, teniendo en cuenta que Jesucristo es el “Pan partido”. Meditemos también la Parábola de Lázaro.

PERDONA NUESTRAS OFENSAS COMO NOSOTROS PERDONAMOS A LOS QUE NOS OFEN-DEN
Al pedir a Dios que nos perdone nos reconocemos pecadores, y al mismo tiempo confesamos, también, su misericordia porque estamos convencidos que con y por Jesucristo obtenemos la remisión de los pecados, y nuestra petición será atendida siempre y cuando nosotros también hayamos perdonado.
Dios es AMOR. El amor de Dios está en el origen de todo y es un amor incondicional. El núcleo del cris-tianismo es que Dios nos ama incondicionalmente, cuida de nosotros con vigor de padre y con entrañas de madre. Nuestra respuesta a este amor incondicional y gratuito de Dios ha de ser un amor confiado y agradecido. Sólo el que tiene conciencia de ser amado permanentemente por Dios toma conciencia de pecado.
Somos pecadores. Con esta petición volvemos a Dios como el hijo pródigo, como el publicano… En esta petición se presupone un mundo de ofensas a los hombres y a Dios. Toda ofensa entre los hom-bres y a Dios: Toda ofensa entre los hombres encierra una vulneración de la verdad y del amor y se opone a Dios, que es la Verdad y el Amor.

El pecado tiene una dimensión:
Ética: Lleva a una desestructuración de las relaciones humanas.
Religiosa: A la luz de la fe el comportamiento ético pecaminoso aparece como una ruptura conscien-te y voluntaria de la relación con el Padre, con Cristo y con la comunidad eclesial.
Eclesial: Afecta a la Iglesia porque compromete la vida de fe y caridad de sus hermanos, siendo para ellos ocasión de escándalo y retrasa el influjo de su misión (LG 11)
Social: El pecado de unos afecta a todos.
El perdón es iniciativa de Dios, es un don de Dios. Es la gracia dada la que impulsa al hombre a dirigir-se a Dios a pedirle perdón.
Por otra parte, nosotros también hemos de perdonar (Jesucristo, Esteban,…)
El ofrecer y regalar el perdón a los que nos han ofendido, es una actitud básica
y fundamental del cris-tianismo. ¡No lo olvidemos nunca!
El perdón de Dios no aguarda que nuestro perdón se haya concedido al prójimo, ni que el perdón de Dios esté hecho a la medida del nuestro, ya que el perdón de Dios es divino, sobreabundante. Pero, no es posible estar abiertos a la caridad divina y cerrado a al rechazo del perdón. El hombre ha de colabo-rar en el perdón de su pecado, tiene que consentir en la caridad de Dios: el perdón de los pecados se da en la conversión a la caridad. No es que nosotros perdonemos para que Él nos perdone, sino justo al revés: ¡Puesto que Dios nos ha perdonado hemos nosotros de perdonar!
Es una oración personal (la rezamos de modo individual), pero también comunitaria: No se entiende el rezo de esta oración fuera de la Iglesia. Es importante en las peticiones ser conscientes de la “Comunión de los Santos”.

La regla es que nosotros imitemos a Dios y no Dios a nosotros cuando perdonamos.
Perdonar de corazón las ofensas que los demás puedan habernos hecho, es imitar a Dios que es compasivo y misericordioso, que perdona nuestros pecados. (“Sed misericordiosos como Dios es misericordioso”) Esto conlleva esfuerzo y sacrificio, pero Jesús nos envía el Espíritu Santo para que con su ayuda podamos conseguirlo.
Demos la importancia que se merece al Sacramento del Perdón.

NO NOS DEJES CAER EN LA TENTACIÓN
Esta petición alude a que nuestros pecados son los frutos del consentimiento a la tentación.
Pedimos al Espíritu Santo saber discernir entre la “prueba”, que nos hace crecer en el bien, y la “tentación”, que conduce al pecado y a la muerte; y también entre “ser tentado” y “consentir” en la tenta-ción.
Nos une a Jesús, que ha vencido la tentación y la gracia de la vigilancia y la perseverancia final.
Hemos de saber que “Dios no tienta a nadie”: No empuja a nadie al pecado, no pone trampas a sus criaturas ni expone a sus hijos a la perdición. Sí podemos decir, en cambio, que Dios “permite” situacio-nes dolorosas o difíciles donde tenemos que recurrir a Él para que nos ayude y nos mantenga en la fe.
Jesucristo fue tentado (Mt 4,11). La Carta a los Hebreos afirma “como Él ha pasado por la prueba del dolor, puede auxiliar a los que ahora pasan por ella”
Afirma Ratzinger que para madurar, para pasar cada vez más de una religiosidad de apariencia a una profunda de unión de la voluntad de Dios, el hombre necesita pasar por purificaciones, transformacio-nes, que son peligrosas para él y en las que puede caer, pero que son el camino indispensable para llegar a mí mismo y a Dios.

¿Qué pedimos entonces? Decimos a Dios: Sé que necesito pruebas para que mi fe se purifique, y si así lo consideras, ten en cuenta lo limitado de mis fuerzas.
En esta petición está incluida la disponibilidad a aceptar la carga de la prueba proporcionada nuestras fuerzas; y por otro lado, también le pedimos que no nos imponga más de lo que podemos soportar, que no nos suelte de su mano.

LÍBRANOS DEL MAL
Esta última petición aparece en Mateo y no en Lucas. El Mal designa a Satanás, que se opone a Dios y que Jesucristo venció. Con ella pedimos que nos libre del Maligno, que pretende se-pararnos de Dios. Pedimos que nos libere de nuestros ídolos y malas inclinaciones. Que nos libere de todos los males pasados, presentes y futuros.
AMÉN: Así sea. Que se cumpla todo lo dicho.

CONCLUSIÓN
El Padrenuestro es la oración que Jesús nos enseñó. No hay, pues, oración más perfecta y completa.
Es una oración en la que llamamos a Dios Padre, “Abba”. Una oración de confianza, de espe-ranza, de seguridad… Pues somos “hijos de Dios”, con todo lo que ello conlleva: Herederos de su Reino. Y, todos somos hermanos, con lo que todo ello conlleva: Hemos de amarnos como tales, hemos de responsabilizarnos ante ellos.
Es una oración personal (la rezamos de modo individual), pero también comunitaria: No se en-tiende el rezo de esta oración fuera de la Iglesia. Es importante en las peticiones ser conscien-tes de la “Comunión de los Santos”.


Magdalena Cañada Anguita

jueves, 18 de mayo de 2017

El obispo cordobés Aguirre hizo de escudo humano ante la Mezquita de Bangassou para evitar el asesinato de musulmanes

El obispo de Bangassou, Juan José Aguirre, está bien y a salvo, pero atrás quedan los días vividos el pasado fin de semana, cuando un grupo formado por centenares de guerrilleros  antibalakas asediaron el barrio de Tokoyo, de mayoría musulmana. Allí, hizo de “escudo”, como él mismo ha reconocido, para evitar el asesinato de más de 500 mujeres y niños que se encontraban refugiados en la mezquita, aunque no pudo evitar que junto a él cayera abatido a tiros el imán. Aguirre ha contado en todo momento con la presencia y el respaldo del cardenal Dieudonné Nzapalainga, llegado desde Bangui, la capital de la República Centroafricana.

Miguel Aguirre, hermano del prelado, ha señalado que el hecho de que el ataque de los antibalakas no fuera a mayores se debe a que “la Virgen de Fátima lo ha acogido bajo su manto”, precisamente en la fecha del 13 de mayo, el día de la mayor presión de los guerrilleros. Miguel señala que la situación se veía empeorar desde hacía unas jornadas. “Hablé con él el jueves por la tarde y ya se respiraba una calma tensa, porque días antes habían estado en una misión, donde atacaron a los cascos azules, al obispo y que dijo que iban para Bangassou”, afirma.

Los antibalakas son unos guerrilleros que quieren expulsar del país a los musulmanes que surgieron en contraposición al movimiento Seleka, un colectivo que agrupa a diversas facciones rebeldes. En medio de esta guerra interna se encuentra Juan José Aguirre y, como explica su hermano, “la Iglesia católica no entiende de etnias ni de religiones” y por eso tanto el obispo de Bangassou como el cardenal han hecho de barrera para contener los ataques a la población musulmana. “Cuando estoy delante de la mezquita nadie tira”, afirma en uno de sus mensajes.

Según las últimas informaciones, Aguirre ha conseguido proteger en estos momentos a un millar de musulmanes, a los que hay que sumar otros 500 que han llegado de otros puntos buscando protección y que ahora están refugiadas entre la Catedral, el Seminario y su propia vivienda. Los mensajes que envía el prelado desde el epicentro del conflicto dan una idea, pese a su concisión, de la gravedad de la situación. “Los musulmanes lo han perdido todo. Esta noche robarán sus comercios, mañana sus casas, otro día sus planchas de zinc”.


No es ésta la primera vez que Juan José Aguirre vive una situación en la que su vida corre peligro. Su hermano Miguel recuerda que a los pocos años de llegar a la República Centroafricana, “hubo un golpe de estado en Bangui y él estaba en la parroquia de Nuestra Señora de Fátima y unos soldados chadianos le pusieron el fusil en la barriga y juego dispararon una ráfaga en el suelo”. Desde allí, el obispo cordobés lo ve de otra manera e intenta tranquilizar a los suyos, afirmando que duerme bien y que toma su medicación, aunque reconoce que “a mamá no le he dicho nada”

miércoles, 17 de mayo de 2017

AUDIENCIA GENERAL DEL PAPA FRANCISCO

«Queridos hermanos y hermanas ¡buenos días!
En estas semanas, nuestra reflexión se mueve, por decir así, en la órbita del misterio pascual. Hoy, encontramos a aquella que, según los Evangelios, fue la primera en ver a Jesús Resucitado: María Magdalena. Acababa de terminar el descanso del sábado. El día de la pasión no había habido tiempo para completar los ritos fúnebres; por ello, en ese amanecer lleno de tristeza, las mujeres van a la tumba de Jesús, con los ungüentos perfumados. La primera que llega es ella: María de Magdala, una de las discípulas que habían acompañado a Jesús desde Galilea, poniéndose al servicio de la Iglesia naciente. En su camino hacia el sepulcro, se refleja la fidelidad de tantas mujeres, que durante años acuden con devoción a los cementerios, recordando a alguien que ya no está. Los lazos más auténticos no se quiebran ni siquiera con la muerte: hay quien sigue amando, aunque la persona amada se haya ido para siempre.

El Evangelio (cfr Jn 20, 1-2-11-18) describe a la Magdalena subrayando enseguida que no era una mujer que se entusiasmaba con facilidad. En efecto, después de la primera visita al sepulcro, vuelve desilusionada al lugar donde los discípulos se escondían; refiere que la piedra ha sido movida de la entrada del sepulcro y su primera hipótesis es la más sencilla que se pueda formular: alguien debe haberse llevado el cuerpo de Jesús. Así, el primer anuncio que María lleva no es el de la resurrección, sino el de un robo que algunos desconocidos han perpetrado, mientras toda Jerusalén dormía.
Luego, los Evangelios cuentan otra ida de la Magdalena al sepulcro de Jesús. Era una testaruda ésta, ¿eh? Fue, volvió… y no, no se convencía…Esta vez su paso es lento, muy pesado. María sufre doblemente: ante todo por la muerte de Jesús, y luego por la inexplicable desaparición de su cuerpo.

Es mientras está inclinada cerca de la tumba, con los ojos llenos de lágrimas, cuando Dios la sorprende de la manera más inesperada. El evangelista Juan subraya cuán persistente es su ceguera: no se da cuenta de la presencia de los dos ángeles que la interrogan y ni siquiera sospecha viendo al hombre a sus espaldas, creyendo que era el guardián del jardín. Y, sin embargo, descubre el acontecimiento más sobrecogedor de la historia humana cuando finalmente es llamada por su nombre: ¡«María!» (v. 16)

¡Qué lindo es pensar que la primera aparición del Resucitado según los evangelios, fue de una forma tan personal! Que hay alguien que nos conoce, que ve nuestro sufrimiento y desilusión, que se conmueve por nosotros, y nos llama por nuestro nombre. Es una ley que encontramos grabada en muchas páginas del Evangelio. Alrededor de Jesús hay tantas personas que buscan a Dios; pero la realidad más prodigiosa es que, mucho antes, es ante todo Dios el que se preocupa por nuestra vida, que quiere volverla a levantar, y para hacer esto nos llama por nuestro nombre, reconociendo el rostro personal de cada uno. Cada hombre es una historia de amor que Dios escribe en esta tierra. Cada uno de nosotros es una historia de amor de Dios. A cada uno de nosotros, Dios nos llama por nuestro nombre: nos conoce por nombre, nos mira, nos espera, nos perdona, tiene paciencia con nosotros. ¿Es verdad o no es verdad? Cada uno de nosotros tiene esta experiencia.

Y Jesús la llama: «¡María!»: la revolución de su vida, la revolución destinada a transformar la existencia de todo hombre y de toda mujer, comienza con un nombre que resuena en el jardín del sepulcro vació. Los Evangelios nos describen la felicidad de María: la resurrección de Jesús n es una alegría dada con cuentagotas, sino una cascada que arrolla toda la vida. La existencia cristiana no está entretejida con felicidades blandas, sino con oleadas que lo arrollan todo. Intenten pensar también ustedes, en este instante, con el bagaje de desilusiones y derrotas que cada uno de nosotros lleva en el corazón, que hay un Dios cercano a nosotros, que nos llama por nuestro nombre y nos dice: «¡Levántate, deja de llorar, porque he venido a liberarte!». Esto es muy bello.

Jesús no es uno que se adapta al mundo, tolerando que perduren la muerte, la tristeza, el odio, la destrucción moral de las personas… Nuestro Dios no es inerte, sino que nuestro Dios –me permito la palabra– es un soñador: sueña la transformación del mundo y la ha realizado en el misterio de la Resurrección.

María quisiera abrazar a su Señor, pero Él ya está orientado hacia el Padre celeste, mientras que ella es enviada a llevar el anuncio a los hermanos. Y así aquella mujer, que antes de encontrar a Jesús estaba en manos del maligno (cfr Lc 8,2), ahora se ha vuelto apóstol de la nueva y mayor esperanza. Que su intercesión nos ayude a vivir también nosotros esa experiencia: en la hora del llanto, en la hora del abandono, escuchar a Jesús Resucitado que nos llama por nombre y, con el corazón lleno de alegría, ir a anunciar: «¡He visto al Señor!». ¡He cambiado vida porque he visto al Señor! Ahora soy diferente a como era antes, soy otra persona. He cambiado porque he visto al Señor. Ésta es nuestra fortaleza y ésta es nuestra esperanza. Gracias»

El padre Pedro, misionero en Japón, quiere llegar a un pueblo muy distinto: misa con 2 feligreses

En la misa diaria tiene 2 fieles japoneses. En la dominical, unos 25, pero vienen inmigrantes filipinos, vietnamitas, bolivianos, peruanos, una pareja de chinos, algún estudiante africano. Un centenar, no más. ¿Para esto ha entregado su vida como misionero el padre Pedro Tomaselli, de 42 años, brasileño? ¿No tendría miles de feligreses en su país, quizá el más alegremente católico y fervoroso del mundo?

“Es necesario dejar el éxito en manos de Dios, porque si uno dependiese de sus propios resultados huiría inmediatamente de Japón”, responde Tomaselli, misionero del PIME (Pontificio Instituto de Misiones Extranjeras), en Japón desde 2008.

Es párroco en dos comunidades que están a unos cuarenta minutos la una de la otra, Ashikaga y Sarro, en la provincia de Tochigi, en el Norte de Tokio.
Ya siendo seminarista, explica en AsiaNews, tuvo cierto deseo de ser misionero en Japón, escuchando a otros misioneros. Estudió 4 años en Filipinas, fue animador misionero 3 años en Brasil, y en 2008, con 33 años, lo enviaron al país del Sol Naciente. 


-  ¿Ya conocía el idioma japonés?
-No, empecé de cero. Estuve dos años en Tokio en la casa regional del PIME. Otro año con los franciscanos del lugar. Después, otros 12 meses con un cura japonés en dos parroquias, en la provincia de Gunma. Pero después de 9 años admito que  todavía tengo dificultades para comunicarme.


- ¿Cómo es su misión en lo cotidiano?

Llegué a Ashikaga, en el Norte de Tokio, donde me ocupo de una parroquia de carácter internacional. Me ocupo también de otra parroquia,  que se encuentra no muy lejos. Vivo solo, en la casa parroquial.

»Los japoneses que participan en la misa dominical son 25, si bien en la lista parroquial tengo 187 inscriptos. También hay filipinos, vietnamitas, bolivianos, peruanos, una pareja de chinos y algunos estudiantes africanos. Una de las Lecturas siempre se lee en japonés. La otra, tal vez en vietnamita, en filipino o en inglés. Los cantos son en español. A la misa diaria, en cambio, sólo vienen 2 personas.

- ¿Hay problemas de integración?

Los extranjeros son una ayuda y una riqueza para la Iglesia japonesa. Sin ellos la mayor parte de las comunidades no sobreviviría. Son fundamentales para la evangelización.

- ¿Quiénes son sus amigos?

- En particular dos familias que me han abierto sus corazones, y también yo a ellos. Un hecho bastante raro. De hecho, los japoneses entienden la amistad como un intercambio de favores. Yo te doy una cosa o hago algo por ti y tú me das una cosa a mí o haces algo por mí, entonces somos amigos. No es que esté mal, pero es distinto del amor gratuito que nos enseñó Jesús. También hay que decir que no se acostumbra abrir la casa propia a los demás. Una vez me alegré porque finalmente había recibido una invitación, pensaba que iríamos a su casa, pero no, ellos vinieron a buscarme para ir a un restaurante.


- ¿Cómo es, en cambio, en los dos casos que me citó?

Sucedió que los ladrones entraron tres veces en la iglesia y en la casa parroquial. Me explicaron que en Japón, si una persona es capaz de violar la propiedad privada es capaz de cualquier tipo de violencia. Estaba tan asustado que no lograba dormir. Y un poco egoísta rezaba: “Señor, no quiero morir de un modo tan mezquino”. Fue entonces que mi amigo se presentó una noche en la casa parroquial y me dijo: “Me quedo aquí a dormir contigo, estás cansado y debes descansar”. No, no”, le dije haciéndome un poco el ceremonioso,  al modo japonés, “tienes tu familia, debes volver a casa con ellos”. Pero él insistió y por algunas noches vino a acompañarme. Tiene 70 años, se convirtió al cristianismo hace unos 20 años, tiene cuatro hijos, uno de ellos es sacerdote.


- ¿Cómo se hizo amigo de la otra familia?

Ellos son de Nagasaki. Él ya era católico, ella no era cristiana. O, mejor, decía que era un poco sintoísta y un poco budista. Que amaba sentirse libre. “Vamos” le decía, “pero entonces tienes un corazón cristiano”. Ella sonreía. Puesto que ella tiene una particular sensibilidad hacia los pobres expresaba una cierta admiración por la Madre Teresa de Calcuta, pero nada la tocaba. Después de tres años (hace un año) vino y me dijo: “Empecemos a estudiar”. Después pidió el bautismo.


- ¿Por qué es tan difícil que entre el mensaje cristiano en Japón?

- Porque ser japonés es ya de por sí casi una religión. Le pregunté a un joven. “¡Cuál es tu religión?” Y él me respondió. “Mis abuelos eran un poco sintoístas y un poco budistas, mis padres un poco budistas y un poco indiferentes, yo soy japonés”. Y sobre la ola del sincretismo, sin embargo me confió que a él le gustaba el matrimonio católico.

- La Iglesia gastó muchas energías en Japón, incluso más que en Corea. Sin embargo allí hay una mayor difusión de catolicismo. ¿Por qué?
Jamás un obispo o cura en Japón diría que debemos imitar a Corea. Lo impide el orgullo. Lo impiden cuestiones históricas irresueltas que salieron a flote en estas semanas. Pero es innegable que la situación es distinta.

»Si pienso en Brasil, con sus apenas 500 años de historia, en su crisol de razas, ciertamente veo una mayor apertura frente a la novedad. Sin embargo no podemos decir que la cultura milenaria de Japón sea de por sí un obstáculo a la novedad del Evangelio. El punto es siempre llegar a tocar el corazón de las personas. La mentalidad japonesa apunta a a la competencia, a la victoria, pero frente al inevitable fracaso en la vida es el fin. Los fracasos no son una ocasión para crecer, sino un drama que a veces termina en tragedia. Basta pensar en los innumerables casos de depresión y de suicidios. Muchas personas que se acercan a la Iglesia viven estos problemas. Para ellos tenemos un anuncio de esperanza.


- Pero el anuncio debe valer para todos, también para quien está absorbido por el frenesí de todos los días

La idolatría del dinero y del trabajo está muy difundida. A menudo no es la familia lo que más cuenta, sino la empresa en la cual se trabaja. Incluso hay una tendencia a hacer notar que se está más ocupado de lo que realmente se está. Es todavía muy fuerte la concepción por la cual el japonés no es capaz de concebirse como individuo, sino en grupo. Si le preguntas. “¿Quién eres?” Te responde: “Pregúntaselo a mi vecino”. Nada sería más equivocado que hacerle notar estos defectos. Antes hay mucho que aprender y compartir. Me viene a la mente su gentileza, la honestidad, la limpieza, el orden…Se necesita escucharlos.


- ¿De qué modo se puede llegar al corazón de sus vidas?

Pienso en el padre Marco Villa del PIME, que en la estación de trenes de Koshygaya abrió un centro de escucha. En Japón es cada vez más difícil encontrar a alguien que te escuche. En particular los familiares, siempre están tan ocupados y aburridos, no soportan las quejas de quien no quiere estar inmerso en el ritmo general. Hace cinco años el padre Marco dejó un poco de lado la predicación y comenzó a escuchar. A partir de esa decisión ya nacieron muchas amistades y se realizaron los primeros bautismos.


- La impresión es que, en Japón, lo que realmente está ausente es la alegría…

Piense que en la estación de trenes de Shinjuk, los empleados, antes de empezar a relacionarse con el público son llamados a hacer ejercicios físicos con los músculos faciales para aprender a hacer una hermosa sonrisa. Y si bien no es muy sincero, dicen que esto hace mucho bien. Ciertamente, con la alegría profunda del Evangelio, no tendríamos necesidad de ello.

martes, 16 de mayo de 2017

in creer mucho en Dios pienso que ha sido Él el que me ha ayudado a salir adelante

Una voluntaria del comedor Ave María nos regala este testimonio: «Una tarde del mes de noviembre estábamos en el comedor preparando cosas para el día siguiente cuando sonó el timbre. Era un joven de 35 años, Jacinto, que quería algo de comer. Hablé con él y me contó un poco de su vida. Es de Córdoba y llevaba dos días en Madrid con su mujer en una habitación que les había dejado un amigo. Sociólogo de profesión, hace medio año se quedó de repente sin trabajo. Su mujer estaba embarazada de tres meses y la situación les llevó a pensar que era mejor perder el hijo.

Intenté animarlo y le dije que siguiera buscando. Quedamos en vernos al día siguiente, pero no vino. Dos meses después se presentó a desayunar. Hablamos y comencé a notarle un poco más animado. Me contó que, paseando por el Retiro, vio a un muchacho de 20 años solo y pensativo. No le dio importancia, pero al día siguiente lo volvió a ver durmiendo en un banco. Se acercó a él, lo despertó y preguntó qué le pasaba. El muchacho se quedó muy asombrado de que alguien se preocupara por él, ya que llevaba más de seis meses viviendo en soledad, sin que nadie se dirigiera a él. Sonriendo le dijo: “Gracias, hoy me siento un poco más feliz porque al menos para ti no soy un adorno más del Retiro”. Esto, dijo Jacinto, “me llenó de alegría, porque había podido ayudar a alguien nuevamente. La vida me empezaba a sonreír. Ilusionado, empecé a repartir propaganda y poco después me contratan como acomodador en un teatro”.

Pasados unos días me presentó a su mujer para decirme que habían tomado la decisión de no abortar. “No somos quiénes para matar una vida”, afirmó. Ahora todo eran preguntas para él: “¿Quién me puso esa tarde fría en esta puerta? ¿Quién me llevó al Retiro y puso en mi camino a ese muchacho? Soy consciente de que la vida es dura, pero cuando confías en alguien y no te encierras en tu egoísmo, esa vida puede empezar a sonreír. Sin creer mucho en Dios pienso que ha sido Él el que me ha ayudado a salir adelante y el que un día me trajo al comedor Ave María».

Paulino Alonso
Responsable del comedor Ave María. Madrid

lunes, 15 de mayo de 2017

San Gil de Santarém, presbítero dominico. Magia por el diablo, santidad por Cristo.

Nació Gil en Vaocela, Portugal, sobre 1190. Era su padre fue Rodrigo, mayordomo del rey Sancho I, y su madre se llamó Teresa. Por los contactos de su padre con el rey, siendo casi adolescente fue nombrado canónigo de las catedrales de Coimbra, Braga y la Guarda, y Prior de otras dos iglesias. Estos cargos, que no le exigían ser religioso ni mucho menos, le reportaban grandes beneficios, que siendo tan joven, Gil se gastaba en excesos. Estudió en la facultad de medicina de Coimbra, y cuando terminó los estudios, se fue a la Universidad de París a aprender más aún de medicina.

Mientras iba de camino se le acercó un caminante que le contó sobre el poder de la magia negra y lo provechosa que resultaba para ganar fama, dinero y poder. Gil, iluso, aceptó aprender aquellas artes, para lo cual le hicieron firmar una carta de sujeción a Satanás. En París Gil perfeccionó la medicina y la magia, haciéndose un médico famosísimo y rico. Cuando su ciencia no servía, el diablo le ayudaba con sortilegios para alcanzar la salud de los enfermos.

Un buen día, mientras estudiaba se le apareció un caballero de aspecto terrible, montado a caballo que, con una lanza que en la mano le dijo: "Muda tu estado, hombre, muda tu estado". Gil se espantó, pero no hizo mucho caso de la visión. Al tercer día se repitió el hecho, y el caballero, más enfadado aún le gritó "Muda tu vida, infame, muda tu vida", a la par que le golpeaba con su lanza. Gil, aterrado clamó: "Haré, Señor, lo que queráis". Y efectivamente, lo hizo. Dejó Gil todo su fama, dinero y artilugios de magia en París y regresó a Portugal andando, haciendo penitencia por sus pecados, buscado la manera de enmendarse y servir a Jesucristo.


Al pasar por España, paró en Palencia, donde supo de unos religiosos pobres, de reciente fundación, que predicaban al pueblo y vivían pobremente. Eran los dominicos, recién fundados por Santo Domingo de Guzmán (8 de agosto; 24 de mayo, traslación de las reliquias, y 15 de septiembre "santo Domingo in Soriano"). Pidió el hábito Gil, sin decir nada de su pasado. Y los frailes le vieron tan humillado y deseoso de ser religioso, que le aceptaron entre ellos. Comenzó el santo una vida de penitencia, oración y austeridad que no abandonó nunca. Ayudó a los religiosos a terminar el convento, hecho con sus propias manos. Oraba toda la noche y dormía poquísimo, ayunaba frecuentemente y se disciplinaba todos los días. Y además, se impuso a sí mismo un voto perpetuo de silencio, que solo rompió por obediencia. 
Era provincial de los dominicos el portugués Suero Gómez, el cual, conociendo de la presencia de Gil en Palencia, le mandó a buscar para tenerlo cerca, siendo hijo de quien era. En el convento de Santarem también fue Gil un gran ejemplo para todos. Oración, ayuno, penitencia, obediencia, silencio… en todo aventajaba a los demás. Pero no era feliz Gil, porque no olvidaba su pacto de vasallaje al demonio, y aunque servía a Cristo, temía que Satanás reclamara su alma. Cada día se postraba ante el Santísimo Sacramento, implorando la ayuda de Cristo, y luego invocaba a la Madre de Dios, ante una imagen suya que se veneraba en el Capítulo. Un buen buen día, estando delante de Nuestra Señora, se le apareció el demonio y le echó en cara cuanto por él había hecho enseñándole los secretos de la nigromancia, y dándole dinero y poder. En tanto le lanzó la carta al suelo y le dijo: "Tómala junto con mi maldición y la de todos los diablos; pero has de saber que me vengaré". El demonio cumplió su amenaza de vengarse y durante siete años le tentó, se le aparecía en formas grotescas, golpeándole, arrojándole de la cama, empujándole por las escaleras, etc. A veces tomaba la forma de un fraile y le insultaba o pegaba.


Durante este tiempo le enviaron los superiores a París, para que estudiase Teología. Cuatro años estuvo en París, cuando regresó a Portugal junto a otro religioso. Pasando por Poitiers llegaron a un pueblo muy pobre donde no podían pedir limosna ni un pedazo de pan. Quiso el santo detenerse allí mismo para descansar aunque no comieran; el otro religioso quería seguir para pedir limosna en la próxima ciudad, pero obedeció a Gil. En ese momento apareció una dama noble, admiradora de los dominicos, y les proveyó con largueza. Gil le dijo que le agradecería con oraciones por ella y su joven hijo. Rezaron juntos el Veni Creator y se despidieron. Y resultó que unos años más tarde, yendo Gil al Capítulo General, encontraría en el convento de Poitiers al joven con el hábito dominico. Llegado Gil a Portugal se le encargó el ministerio de la predicación, en el que destacó convirtiendo a muchos. El rey Sancho le admiraba, aunque algunas veces también le reprendió por su vida y moral.

En 1234 murió el Provincial Suero y el Capítulo eligió a nuestro Gil por provincial para España y Portugal. Fundó los conventos de Lisboa y Oporto, y algunos más. Visitaba los conventos siempre a pie, y con su cilicio ceñido, para edificar a los demás religiosos. En 1231 el Beato Jaime I de Aragón (23 de julio) había conquistado Mallorca y edificado un magnífico convento dominico. En 1236 se decidió celebrar allí el Capítulo General, al que el santo fue, atravesando España a pie y embarcándose en Barcelona. Navegaron con buen viento, pero al oscurecer se levantó una furiosa tempestad, al cabo hizo Gil una breve oración y al punto se calmó la tormenta. Sin embargo, otro barco en que habían embarcado otros religiosos se hundió y perecieron los frailes, por lo cual no se celebró el Capítulo. Estando en Barcelona de regreso por orden de Gregorio IX nombró algunos frailes para Inquisidores. Luego regresó a Portugal, donde reformó algunos conventos. En 1238 fue al Capítulo General de Bolonia.

Tenía el santo frecuentes éxtasis, sobre todo cuando celebraba la santa misa. Otras veces fue visto elevado un palmo mientras adoraba al Santísimo, o se veía sobre su cabeza una columna de fuego. Sanó a muchos enfermos con solo haciéndole la señal de la cruz o invocando el Nombre de Jesús. Sobrevino al rey Alfonso el mal de gota, y yéndole un día a visitar el santo, el rey le cambió disimuladamente su bastón por el suyo, y apenas se fue el santo, se aplicó el rey con mucha fe el bastón a la pierna inflamada, y quedó sano inmediatamente. 

En el Capítulo General de Barcelona de 1261 logró Gil que le libraran de la carga del provincialato. Luego de ello se retiró a su amado convento de Santarem a prepararse para la vida eterna. Cuatro años vivió como un humilde religioso, hasta que a principios de mayo de 1265 le entraron unas calenturas. El día 12 recibió el Viático estando tendido en el suelo. Finalmente falleció el día 14 de mayo, Jueves de la Ascensión, luego de exclamar "in manus tuas, Deus, commendo spiritum meum", y falleció. Su celda se inundó de aromas nunca conocidos. En el siglo XVII se trasladó su cuerpo y fue hallado incorrupto. En 1748 fue beatificado por Clemente XII.

domingo, 14 de mayo de 2017

El Papa habla sobre Medjugorje: «La gente que va allí se encuentra con Dios; cambia de vida»

Al cumplirse 100 años de las apariciones de la Virgen de Fátima, mientras regresaba en el vuelo a Roma, el Papa Francisco expresó por primera vez su opinión personal sobre las presuntas apariciones marianas de Medjugorje, en Bosnia-Herzegovina.

El Santo Padre explicó que “todas las apariciones o las presuntas apariciones pertenecen a la esfera privada, no son parte del magisterio público ordinario de la Iglesia”.

En el caso de Medjugorje, recordó, Benedicto XVI estableció una comisión “de buenos teólogos, obispos, y cardenales, pero buenos, buenos”, presidida por el Cardenal Camillo Ruini.

“Al final del 2013 o al inicio de 2014 he recibido del Cardenal Ruini el resultado”, dijo.

El informe Ruini es muy, muy bueno”, destacó.

El Papa precisó que en el caso de Medjugorje “se deben distinguir 3 cosas: las primeras apariciones, que eran chicos. El informe más o menos dice que se debe continuar investigando eso”.

Sobre las “presuntas apariciones actuales”, dijo Francisco, “el informe tiene sus dudas”.

“Yo personalmente soy más malo, yo prefiero a la Virgen Madre, nuestra Madre y no la Virgen Jefe de Oficina Telegráfica, que todos los días envía un mensaje a tal hora. Esta no es la Madre de Jesús”.

“Estas presuntas apariciones no tienen tanto valor, y esto lo digo como opinión personal, pero está claro”, señaló.

“¿Quién piensa que la Virgen decía: ‘vengan que mañana a esta hora diré un mensaje a esa gente’? No, distinguen las 2 apariciones”.

El Papa precisó además que “el centro del informe Ruini es el hecho espiritual, pastoral, gente que va allí y se convierte, gente que encuentra a Dios, que cambia vida, pero para esto no hay una varita mágica allí”.

Y este hecho espiritual, pastoral, no se puede negar”. “Ahora para ver las cosas con todos estos datos, con las respuestas que me han enviado los teólogos, se ha nombrado a este obispo bueno, bueno porque tiene experiencia, para ver cómo va la parte pastoral. Y al final se dirá algo”, señaló, refiriéndose a Mons. Henryk Hoser, nombrado el 11 de febrero de este año como “enviado especial” a Medjugorje.

ÁNGELUS DEL PAPA FRANCISCO

Queridos hermanos y hermanas, buenos días!
Anoche volví de la peregrinación a Fátima - saludamos a la Virgen de Fátima! - y nuestra oración mariana hoy es de particular importancia, la carga de memoria y la profecía, mirando la historia con los ojos de la fe. En Fátima me sumergí en el santo Pueblo fiel oración, la oración que hay flujos de cien años como un río, para implorar la protección maternal de María en todo el mundo. Doy gracias al Señor que me ha permitido ir a los pies de la Virgen Madre como un peregrino de la esperanza y la paz . Y los obispos agradecen sinceramente el Obispo de Leiria-Fátima, las Autoridades del Estado, el Presidente de la República y todos los que han ofrecido su cooperación.

Desde el principio, cuando la capilla de las apariciones que se quedó en silencio un largo tiempo, acompañado por el silencio orante de todos los peregrinos, se ha creado un clima recogido y contemplativo, en el que se llevó a cabo los diversos momentos de oración . Y en el centro de todo era y es el Señor resucitado, presente en medio de su pueblo en la Palabra y en la Eucaristía. Presente entre los muchos enfermos, que son los protagonistas de la vida litúrgica y pastoral de Fátima, como cada santuario mariano.

En Fátima, la Virgen escogió el corazón inocente y simplicidad de pequeño Francisco, Jacinta y Lucía, como depositario de su mensaje. Estos niños lo recibieron con dignidad, y para ser reconocidos como testigos confiables de las apariciones, y se convierten en modelos de vida cristiana. Con la canonización de Francisco y Jacinta , quería proponer a toda la Iglesia por su ejemplo de fidelidad a Cristo y el testimonio del Evangelio y también quería proponer a toda la Iglesia a tener cuidado de niños. Su santidad no es una consecuencia de las apariencias, pero la fidelidad y el ardor con el que han pagado al privilegio de ver recibido la Virgen María. Después de reunirse con la "bella dama" - así llamados - recitaban el rosario con frecuencia, se arrepintieron y se ofrecieron sacrificios por la guerra y por las almas más necesitadas de la misericordia divina.

Y aún hoy en día hay tanta necesidad de la oración y la penitencia para implorar la gracia de la conversión, para implorar el fin de las muchas guerras que están por todas partes en el mundo y que cada vez más ampliar, así como el fin de los conflictos grandes y pequeños absurdos que desfiguran el rostro de la humanidad.

Dejémonos guiar por la luz que proviene de Fátima. Inmaculado Corazón de María es siempre nuestro refugio, nuestro consuelo y el camino que nos conduce a Cristo.

Después del Regina Caeli:
Queridos hermanos y hermanas:
Confío a María, Reina de la Paz, el destino de las poblaciones afectadas por la guerra y el conflicto, especialmente en el Medio Oriente. Así que muchas personas inocentes son mucho que lo intentes, ya sean cristianos, y musulmanes, ambos pertenecientes a minorías como los yazidis, que sufrieron la violencia trágica y la discriminación. Para mi solidaridad acompaña el recuerdo en la oración, y agradezco a todos los que trabajan en la satisfacción de las necesidades humanitarias. Animo a diferentes comunidades a seguir el camino del diálogo y la amistad social para construir un futuro de respeto, seguridad y paz, lejos de cualquier tipo de guerra.

Ayer, en Dublín, fue beatificado el sacerdote jesuita John Sullivan. Vivió en Irlanda en el siglo XIX y XX, dedicó su vida a la enseñanza y la formación espiritual de los jóvenes, y fue muy querido y buscado como un padre de los pobres y los que sufren. Agradecemos a Dios por su testimonio.

Saludo a todos ustedes, los fieles de Roma y peregrinos de Italia y varios países. En particular, los miembros de Ivrea, Salerno, Valmontone y Rimini; Poder y los alumnos cubo (Bergamo). Saludo a los participantes en la iniciativa llamada "cochecitos vacíos" y el grupo de madres de Bordighera: el futuro de nuestra sociedad exige de todos, especialmente a las instituciones, una atención concreta a la vida y la maternidad. Y esta apelación es particularmente importante hoy en día se celebra en muchos países, el Día de la Madre, aquí!; recordamos con gratitud y afecto a todas las madres, incluso nuestras madres en el cielo, confiando a María, la Madre de Jesús y ahora te hacemos una oferta:. seguimos siendo unos momentos en silencio, cada una oración por su madre.

Les deseo a todos un buen domingo. Por favor, no se olvide de rezar por mí. Buena comida y adiós!

sábado, 13 de mayo de 2017

SANTA MISA CON EL RITO DE CANONIZACIÓN DE LOS BEATOS FRANCISCO MARTO Y JACINTA MARTO

«Un gran signo apareció en el cielo: una mujer vestida del sol», dice el vidente de Patmos en el Apocalipsis (12,1), señalando además que ella estaba a punto de dar a luz a un hijo. Después, en el Evangelio, hemos escuchado cómo Jesús le dice al discípulo: «Ahí tienes a tu madre» (Jn 19,27). Tenemos una Madre, una «Señora muy bella», comentaban entre ellos los videntes de Fátima mientras regresaban a casa, en aquel bendito 13 de mayo de hace cien años. Y, por la noche, Jacinta no pudo contenerse y reveló el secreto a su madre: «Hoy he visto a la Virgen». Habían visto a la Madre del cielo. En la estela de luz que seguían con sus ojos, se posaron los ojos de muchos, pero…estos no la vieron. La Virgen Madre no vino aquí para que nosotros la viéramos: para esto tendremos toda la eternidad, a condición de que vayamos al cielo, por supuesto.

Pero ella, previendo y advirtiéndonos sobre el peligro del infierno al que nos lleva una vida ―a menudo propuesta e impuesta― sin Dios y que profana a Dios en sus criaturas, vino a recordarnos la Luz de Dios que mora en nosotros y nos cubre, porque, como hemos escuchado en la primera lectura, «fue arrebatado su hijo junto a Dios» (Ap 12,5). Y, según las palabras de Lucía, los tres privilegiados se encontraban dentro de la Luz de Dios que la Virgen irradiaba. Ella los rodeaba con el manto de Luz que Dios le había dado. Según el creer y el sentir de muchos peregrinos —por no decir de todos—, Fátima es sobre todo este manto de Luz que nos cubre, tanto aquí como en cualquier otra parte de la tierra, cuando nos refugiamos bajo la protección de la Virgen Madre para pedirle, como enseña la Salve Regina, «muéstranos a Jesús».

Queridos Peregrinos, tenemos una Madre, tenemos una Madre! Aferrándonos a ella como hijos, vivamos de la esperanza que se apoya en Jesús, porque, como hemos escuchado en la segunda lectura, «los que reciben a raudales el don gratuito de la justificación reinarán en la vida gracias a uno solo, Jesucristo» (Rm 5,17). Cuando Jesús subió al cielo, llevó junto al Padre celeste a la humanidad ―nuestra humanidad― que había asumido en el seno de la Virgen Madre, y que nunca dejará. Como un ancla, fijemos nuestra esperanza en esa humanidad colocada en el cielo a la derecha del Padre (cf. Ef 2,6). Que esta esperanza sea el impulso de nuestra vida. Una esperanza que nos sostenga siempre, hasta el último suspiro.

Con esta esperanza, nos hemos reunido aquí para dar gracias por las innumerables bendiciones que el Cielo ha derramado en estos cien años, y que han transcurrido bajo el manto de Luz que la Virgen, desde este Portugal rico en esperanza, ha extendido hasta los cuatro ángulos de la tierra. Como un ejemplo para nosotros, tenemos ante los ojos a san Francisco Marto y a santa Jacinta, a quienes la Virgen María introdujo en el mar inmenso de la Luz de Dios, para que lo adoraran. De ahí recibían ellos la fuerza para superar las contrariedades y los sufrimientos. La presencia divina se fue haciendo cada vez más constante en sus vidas, como se manifiesta claramente en la insistente oración por los pecadores y en el deseo permanente de estar junto a «Jesús oculto» en el Sagrario.

En sus Memorias (III, n.6), sor Lucía da la palabra a Jacinta, que había recibido una visión: «¿No ves muchas carreteras, muchos caminos y campos llenos de gente que lloran de hambre por no tener nada para comer? ¿Y el Santo Padre en una iglesia, rezando delante del Inmaculado Corazón de María? ¿Y tanta gente rezando con él?». Gracias por haberme acompañado. No podía dejar de venir aquí para venerar a la Virgen Madre, y para confiarle a sus hijos e hijas. Bajo su manto, no se pierden; de sus brazos vendrá la esperanza y la paz que necesitan y que yo suplico para todos mis hermanos en el bautismo y en la humanidad, en particular para los enfermos y los discapacitados, los encarcelados y los desocupados, los pobres y los abandonados. Queridos hermanos: pidamos a Dios, con la esperanza de que nos escuchen los hombres, y dirijámonos a los hombres, con la certeza de que Dios nos ayuda.

En efecto, él nos ha creado como una esperanza para los demás, una esperanza real y realizable en el estado de vida de cada uno. Al «pedir» y «exigir» de cada uno de nosotros el cumplimiento de los compromisos del propio estado (Carta de sor Lucía, 28 de febrero de 1943), el cielo activa aquí una auténtica y precisa movilización general contra esa indiferencia que nos enfría el corazón y agrava nuestra miopía. No queremos ser una esperanza abortada. La vida sólo puede sobrevivir gracias a la generosidad de otra vida. «Si el grano de trigo no cae en tierra y muere, queda infecundo; pero si muere, da mucho fruto» (Jn 12,24): lo ha dicho y lo ha hecho el Señor, que siempre nos precede. Cuando pasamos por alguna cruz, él ya ha pasado antes. De este modo, no subimos a la cruz para encontrar a Jesús, sino que ha sido él el que se ha humillado y ha bajado hasta la cruz para encontrarnos a nosotros y, en nosotros, vencer las tinieblas del mal y llevarnos a la luz.

Que, con la protección de María, seamos en el mundo centinelas que sepan contemplar el verdadero rostro de Jesús Salvador, que brilla en la Pascua, y descubramos de nuevo el rostro joven y hermoso de la Iglesia, que resplandece cuando es misionera, acogedora, libre, fiel, pobre de medios y rica de amor.

BENDICIÓN DE LAS VELAS, SALUDO DEL SANTO PADRE

Capilla de las Apariciones, Fátima
Queridos peregrinos de María y con María.
Gracias por recibirme entre vosotros y uniros a mí en esta peregrinación vivida en la esperanza y en la paz. Desde ahora, deseo asegurar a los que os habéis unidos a mí, aquí o en cualquier otro lugar, que os llevo en mi corazón. Siento que Jesús os ha confiado a mí (cf. Jn 21,15-17), y a todos os abrazo y os confío a Jesús, «especialmente a los más necesitados» —como la Virgen nos enseñó a pedir (Aparición, julio de 1917)—. Que ella, madre tierna y solícita con todos los necesitados, les obtenga la bendición del Señor. Que, sobre cada uno de los desheredados e infelices, a los que se les ha robado el presente, de los excluidos y abandonados a los que se les niega el futuro, de los huérfanos y las víctimas de la injusticia a los que no se les permite tener un pasado, descienda la bendición de Dios encarnada en Jesucristo: «El Señor te bendiga y te proteja, ilumine su rostro sobre ti y te conceda su favor. El Señor te muestre su rostro y te conceda la paz» (Nm 6,24-26).

Esta bendición se cumplió plenamente en la Virgen María, puesto que ninguna otra criatura ha visto brillar sobre sí el rostro de Dios como ella, que dio un rostro humano al Hijo del Padre eterno; a quien podemos ahora contemplar en los sucesivos momentos gozosos, luminosos, dolorosos y gloriosos de su vida, como recordamos en el rezo del Rosario. Con Cristo y María, permanezcamos en Dios. En efecto, «si queremos ser cristianos, tenemos que ser marianos, es decir, hay que reconocer la relación esencial, vital y providencial que une a la Virgen con Jesús, y que nos abre el camino que nos lleva a él» (Pablo VI, Homilía en el Santuario de Nuestra Señora de Bonaria, Cagliari, 24 abril 1970). De este modo, cada vez que recitamos el Rosario, en este lugar bendito o en cualquier otro lugar, el Evangelio prosigue su camino en la vida de cada uno, de las familias, de los pueblos y del mundo.

Peregrinos con María... ¿Qué María? ¿Una maestra de vida espiritual, la primera que siguió a Cristo por el «camino estrecho» de la cruz dándonos ejemplo, o más bien una Señora «inalcanzable» y por tanto inimitable? ¿La «Bienaventurada porque ha creído» siempre y en todo momento en la palabra divina (cf. Lc 1,45), o más bien una «santita», a la que se acude para conseguir gracias baratas? ¿La Virgen María del Evangelio, venerada por la Iglesia orante, o más bien una María retratada por sensibilidades subjetivas, como deteniendo el brazo justiciero de Dios listo para castigar: una María mejor que Cristo, considerado como juez implacable; más misericordiosa que el Cordero que se ha inmolado por nosotros?

Cometemos una gran injusticia contra Dios y su gracia cuando afirmamos en primer lugar que los pecados son castigados por su juicio, sin anteponer —como enseña el Evangelio— que son perdonados por su misericordia. Hay que anteponer la misericordia al juicio y, en cualquier caso, el juicio de Dios siempre se realiza a la luz de su misericordia. Por supuesto, la misericordia de Dios no niega la justicia, porque Jesús cargó sobre sí las consecuencias de nuestro pecado junto con su castigo conveniente. Él no negó el pecado, pero pagó por nosotros en la cruz. Y así, por la fe que nos une a la cruz de Cristo, quedamos libres de nuestros pecados; dejemos de lado cualquier clase de miedo y temor, porque eso no es propio de quien se siente amado (cf. 1 Jn 4,18). «Cada vez que miramos a María volvemos a creer en lo revolucionario de la ternura y del cariño. En ella vemos que la humildad y la ternura no son virtudes de los débiles sino de los fuertes, que no necesitan maltratar a otros para sentirse importantes. [...] Esta dinámica de justicia y ternura, de contemplar y caminar hacia los demás, es lo que hace de ella un modelo eclesial para la evangelización» (Exhort. Ap. Evangelii gaudium, 288). Que seamos, con María, signo y sacramento de la misericordia de Dios que siempre perdona, perdona todo.

Llevados de la mano de la Virgen Madre y ante su mirada, podemos cantar con alegría las misericordias del Señor. Podemos decir: Mi alma te canta, oh Señor. La misericordia que tuviste con todos tus santos y con todo tu pueblo fiel la tuviste también conmigo. Oh Señor, por culpa del orgullo de mi corazón, he vivido distraído siguiendo mis ambiciones e intereses, pero sin conseguir ocupar ningún trono. La única manera de ser exaltado es que tu Madre me tome en brazos, me cubra con su manto y me ponga junto a tu corazón. Que así sea.